Referentes

Desde la llegada de los primeros criollos e inmigrantes hasta las nuevas generaciones de hombres y mujeres que pueblan Empalme Graneros. En cada momento de su historia, hecha de sacrificios, bonanzas y sinsabores. El barrio siempre se ha nutrido de referentes y símbolos. Trabajadores y campesinos que alimentaron el sueño del progreso. Representantes vecinales. Dirigentes de clubes, bibliotecas o centros de jubilados. Almaceneros. Profesionales, maestros, religiosos comerciantes, deportistas, artistas. Militantes de las más diversas corrientes ideológicas. Pueblos originarios. Jóvenes que se hicieron adultos; adultos que crecieron en el barrio. Héroes anónimos. Comprometidos. Despistados. Gente de pago chico que, con aciertos y errores, intentaron forjar un destino común. Vecinos que aún resisten las amenazas de El Ludueña. Las desigualdades sociales. Y han sabido hacer un culto de la mano extendida. Infinidad de nombres y apellidos traman sus más de cien años de existencia.

 

En el libro impreso varios de ellos han sido nombrados o le han puesto voz a los testimonios de este trabajo. Mientras que las imágenes recogidas pretenden acompañar las memorias barriales. Pfeuti, Bastias, Ortolani, Vesely, Pineda, Rychen, Suárez, Onrubia, Díaz, Tolosa, Fiort, Ríos, Capitana, Muzzio, Drysdale, Arboleya, Prado, Gómez Moreno de Terán, Sinal, Bruschini, Folch, Gago, Sosa, Sibillín, Cabo, Villarino, Grande, Wagner, Salas, Esquivel, Rivero, Parisi, Lucero, Ortal, Alonso, Quevedo, Zabaleta, Reinaldi, Ciotta, Cué, Fernández, Polichiso, Birri, Aragone, Zorzoli, Romero, Suarez, Peruzzo, Castellasso, Leiva, Franco, Barrea, Zulliman, Sánchez, Quaranta, Ticera, Pelayo, Carbajo, Sarasibar, Mastroicovo, Radia, Salerno, Maidana, Puyó, Gargallo, Guerevich, Tocunaga, Pavoni, Foresto, Dietrich, Campos, Yatar, Tomeo, Hermana Jordán, Gómez, Antonelli, López, Ávila, Moyano, Olmedo, Coria.

 

Empalme Graneros podrá recoger el recuerdo de todos aquellos que hicieron su entrañable historia. Sin embargo, existen dos personajes que condensan, de algún modo, muchos de sus logros y desventuras: Ottone y Bullian; Bullian y Ottone. En ellos rendimos homenaje a todos los vecinos de un barrio con identidad propia.

Un barrio de película

foro8c“Piccolo Mondo: Don Camilo”, del escritor Giovanni Guareschi, es el nombre original de una novela de 1948 que el cine catapultó a la fama mundial y Empalme Graneros reprodujo a escala barrial. Aquel libro, y sus posteriores versiones cinematográficas, cuentan la historia de Don Camilo, el párroco de Brescello, un pequeño pueblo ubicado entre los valles del río Po, en Italia, y Don Peppone, el alcalde comunista. Ambos son el estereotipo de dos mundos antitéticos, justo en un tiempo en que la culminación de la Segunda Guerra Mundial y la caída del fascismo europeo alimentaban la disputa entre dos opciones culturales e ideológicas bien diferentes: la Italia católica que representa Don Camilo versus el comunismo pregonado por Don Peppone.

 

La saga de películas inspirada en la obra de Guareschi pone en escena los conflictos entre ambos  modelos, haciendo de la obra pastoral de Don Camilo y la obra política de Don Peppone una comedia de pago chico. Berrinches, entuertos, pactos electorales, colaboraciones oficiales: cualquier excusa sirve para mostrar las miserias y las bondades de esos estereotipos ideológicos. Pero también cuenta las solidaridades que despiertan las situaciones extraordinarias, como en la película “El retorno de Don Camilo”, de 1953, cuando una inundación arrasa la región y ambos personajes se convierten en banderas de lucha.

 

Don Camilo y Don Peppone, al igual que los personajes reales Agustín Bullían y Virginio Ottone fueron dos actores protagónicos de su época. Hombres de acción religiosa o vecinalista, y en ambos casos comprometidos con los problemas que enfrentaba el barrio. Uno con la cruz en alto y la mirada al cielo; el otro con la hoz y el martillo, símbolos de la unidad trabajadora. No fue entonces casual que recalaran en esta barriada obrera.

 

El Padre Bullían empezó colaborando en la parroquia San Antonio de Barrio Belgrano, hasta que la creación de treinta vicarias en zonas periféricas de la ciudad de Rosario hizo que recalara en Empalme Graneros para tratar de construir una comunidad de fieles que pudiera amalgamar los intereses pastorales con los problemas concretos de los barrios. El 27 de enero de 1962 tomó posición de la vicaría, once años antes de que la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe se convirtiera en parroquia. En el medio impulsó la creación de una escuela “San Luis Gonzaga” y fue artífice de las demandas generadas por las inundaciones, exponiendo en la calle lo que predicaba desde el pulpito. Si bien Bullían no formó parte del impulso progresista de otros curas rosarinos, adherentes por entonces del cambio pastoral habilitado por el Concilio Vaticano II, su acción de base aparece reconocida por la impronta de los curas de sotana hundida en el barro, atento a las necesidades de su pueblo.

 

También Ottone está marcado por esa de idea de participar en la solución de los problemas barriales. A partir de su llegada a Empalme Graneros, a finales de la década del ´50, no haría otra cosa que pelear por su gente. Había nacido en 1905, en Castellana, y diecinueve años después arribó a la Argentina. Desde entonces participó en la organización de los sindicatos de la construcción, de la carne o de los cañeros tucumanos, hasta que se finalmente se instaló en el barrio y comenzó su actividad como vecinalista. Veintiséis participando de la Vecinal “Empalme Graneros”, siendo el principal impulsor de las demandas de pavimentos, alumbrado público, creación de escuelas u obras de infraestructura que mejoren las condiciones de vida de la gente.

 

El reclamo y la lucha constante fueron lo que le dio impulso a su trabajo, lo cual generó que lo persiguieran durante la última dictadura cívico-militar.

 

Las biografías de los hombres, sobre todo cuando son artífices de su tiempo, suelen tener estas particularidades. Bullían y Ottone fueron“dos gringachos potentes”, tal como los define Luisa Terán, que militaron en el barrio en un momento en el que la Iglesia y el comunismo representaban formas antagónicas de entender los problemas del mundo. Don Camilo y Don Peppone en Empalme Graneros, aunque a diferencia de lo representado en libros y pantallas cinematográficas, en el barrio la vida transcurría muy en serio: las carencias habitacionales, las frecuentes inundaciones y la falta de infraestructura eran tragedias cotidianas que requería el compromiso de la Vecinal, de la Iglesia y de todas las instituciones comprometidas con el barrio.

 

La imagen de ese encuentro común y colectivo se manifestó con mucha fuerza a partir de la conformación de NU.MA.IN, en 1986, cuando una nueva inundación anegó las calles de Empalme Graneros. Y al igual que en la película “El retorno de Don Camilo”, Bullían y Ottone y otros tantos luchadores se convirtieron en bandera de lucha. Ottone murió el 10 de noviembre de 1993, despedido por Domingo Polichiso como un dirigente incansable y honrado. Bullian falleció el 7 de Octubre de 2001, el Día de la Virgen. Ambos se conservan en la memoria de su pueblo.

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