Los vecinos de Empalme Graneros tienen una muletilla: “Este siempre fue un barrio peronista”, repiten cada vez que son tentados a hablar de cuestiones políticas. Por cierto, no hace falta una encuesta que confirme dicha filiación mayoritaria, sobre todo en la franja etaria que creció al amparo del Estado Justicialista, vivió los años de proscripción y alimentó alguna esperanza con el regreso de Perón a comienzos de los años setenta. La trama histórica que va de 1945, año de la emergencia política del peronismo y de su líder y 1976, con su ruptura trágica, aún conserva vigencia en las memorias del barrio, pese a que antes, como ahora, sea casi imposible realizar una lectura inequívoca de lo que es el peronismo. “Cantar la marcha peronistas era como cantar el himno”, recuerdan algunos vecinos. Una frase que evoca recuerdos idílicos o sirve para disparar prejuicios, según quien la diga, y merece repensarse junto a otras experiencias políticas.

 

La historia de Empalme Graneros, pese a ser una “comarca peronista”, ha sabido nutrirse de diversas tradiciones ideológicas. Allí están, en los orígenes mismos del barrio, las convicciones del anarquismo y las ideas libertarias que Rosario recibió junto a los inmigrantes llegados de Europa. Y seguramente Lisandro de la Torre, creador del Partido Demócrata Progresista, caminó por sus calles de tierra y se detuvo en una esquina a vociferar sus verdades. Al respecto, Osvaldo Ortolani recuerda una memoria familiar, imprecisa y mítica como toda memoria, que habla de un almuerzo entre su bisabuelo y Don Lisandro. Y qué decir de Virginio Ottone, con su comunismo de cuerpo y tiempo completo. O de la prédica política, además de religiosa, del Padre Agustín Bullían. O del socialismo de viejo y nuevo cuño.

 

Empalme Graneros ha sido un barrio peronista. Pero también ha sido atravesado por múltiples tradiciones ideológicas. Incluso la mansedumbre de su gente o la espontaneidad provocada por cada inundación supone maneras diferentes de congregar lo político. Empalme Graneros es Evita repartiendo juguetes en el tren que la llevaba a Tucumán a finales de la década del ´40. Pero también Ricardo Balbín, en la antesala de las elecciones presidenciales de 1958, comiendo un asado en la casa de Maidana, un viejo militante radical, que además de atender su peluquería en Juan José Pasos y Felipe Moré, levantaba las banderas del partido que fundó Leandro Alem en 1891, cuando Empalme Graneros era sólo un sueño.