En 1910 la ciudad de Rosario reunía cerca de 200.000 habitantes, con más de un 40% de extranjeros. La inmigración masiva, el proceso urbanizador y las transformaciones productivas, la habían convertido en un ícono del modelo agro-exportador vigente: exportaba el 40% del maíz y un poco menos del trigo producido en el país, el comercio de tierras urbanas superaba los 14 millones de pesos y otros 26 millones de pesos era el capital aplicado a la producción fabril, destacándose tres fábricas con más de 200 obreros y una, la Refinería de Azúcar, que tenía 1.300 empleados.

 

Es bueno recordar al respecto el rol que las mujeres habían ido adquiriendo en las primeras décadas del siglo XX. Según los datos censales del 1910, ellas constituían un importante porcentaje de la mano de obra ocupada: muchas trabajaban en el rubro "costura, servicio doméstico, lavado y planchado" y, en menor porcentaje, en las actividades fabriles. Según cuenta la investigadora Agustina Prieto, la Refinería Argentina de Azúcar ocupaba un buen número de mujeres, y podemos suponer con algún grado de certeza que muchas de ellas provenían de Empalme Graneros.