Las lluvias de finales del 1961 llevaron al Diario La Capital a afirmar que Rosario "adquirió un aspecto veneciano poco envidiable que provoca la justa indignación del sufrido vecindario, víctima constante de una situación que por su periodicidad se presenta como perjuicio aparentemente insalvable. No sólo las barriadas se han visto perjudicadas sino el mismo centro de la city donde se presenta al transeúnte una única opción: o quedar inmovilizado en la acera o  internarse en la calzada mojándose hasta más arriba del tobillo”. El diario La Capital agregaba en aquella crónica que se trató de “dos jornadas pluviosas que han dado a Rosario un aspecto veneciano poco envidiable y provoca la justa indignación del sufrido vecindario, víctima constante de una situación que, por su periodicidad, se presenta como perjuicio aparentemente insalvable”.

 

“Yo nací en el 59 y en el 60 y pico ya sufrí la experiencia de las primeras inundaciones. Antes hubo otra pero yo no tengo recuerdo. Me acuerdo que salí con ese camión jaula, ahora me doy cuenta de la desesperación de mi madre, en ese momento no me daba cuenta. Y después con el tiempo hemos perdido muchísimas cosas: yo veía llorar a mi vieja y a mis hermanos, que eran más grandes, porque se perdía todo. Cada inundación te costaba muebles, heladera, empezar de nuevo. Y este era un barrio de gente muy humilde" (Adrián Coria, vecino).