Aquel gobierno llegó a satisfacer viejas demandas obreras, como la extensión de la legislación del trabajo a todos los gremios, el régimen de jubilación y vacaciones pagas o la formalización del pago de indemnizaciones ante situaciones de despido. Sin embargo, estas indudables mejoras sufrían el perjuicio del proceso inflacionario que sufría el país desde los años treinta, perjudicando el ingreso real de los trabajadores. En dicha coyuntura, el 30 de marzo de 1947, luego de la realización de una asamblea realizada en Empalme Graneros, varias entidades vecinales decidieron enviarle una carta al Presidente Perón. En ella denunciaban la especulación practicada por “empresarios inescrupulosos” y exponían las penurias generadas por la situación denunciada:

 

 “Sr. Presidente, tenemos que ceder el poco alimento que se nos vende a precios nunca vistos, a nuestros pobres niños para que por lo menos ellos, no padezcan hambre. No podemos ni vestirnos ni comprar el más modesto guardapolvo para nuestras criaturas que van macilentas a la escuela de la patria, en esta tierra del algodón y del lino. El guardapolvo más inferior lo venden a $ 14”.

 

La carta mencionaba las privaciones que sufrían los vecinos de Empalme Graneros, quienes no podían acceder a los artículos de primera necesidad y solicitaban un mayor control hacia aquellos industriales que, violando el artículo 6 de la ley 12.830, retenían  los productos con el objetivo de encarecer su costo:

 

“Pedimos que se reconozcan las comisiones populares y se las invista de las atribuciones que la misma ley manda". Además solicitan el congelamiento de precios y una rebaja del 20%. "Pedimos carne barata para el consumo interno del país, es decir, para nuestro consumo y de nuestros hijos. Pedimos pan barato.”

 

La resolución favorable de los reclamos elevados al gobierno peronistas es un ejemplo palpable: el Poder Ejecutivo resuelve asumir la dirección de la campaña contra el encarecimiento de la vida y sanciona la ley 12983 contra el agio y la especulación, implementando además, medidas como el congelamiento de precios de algunos productos de la canasta familiar, lo cual mejorará paulatinamente la situación de los sectores populares (Diario “La Capital”, Rosario, 29, 30 y 31 de mayo de 1947).